En Querétaro, el futbol americano es un asunto de mucha tradición.
Hoy ya muchos niños y jóvenes practican el deporte porque sus padres jugaron en
un equipo queretano. Hay también coaches
que han impartido conocimiento por décadas. Existen colores y porras que son
marca inconfundible de una institución.
Personalmente, no he visto esta clase de tradiciones en ningún
otro deporte. Un estadio universitario retumbando con una Goya, o el tatuaje
con el logotipo de un equipo marcado para siempre en la piel de un ex jugador.
Esta es la clase de pasión que el futbol americano crea.
Sin embargo, las viejas tradiciones parecen perdidas con el paso
del tiempo. La constante dinámica de cambio en el esquema de las organizaciones
han propiciado que los apasionados por el deporte se muden de una escuadra a
otra buscando un buen lugar para practicarlo.
El próximo mes, una categoría Intermedia de hasta 23 años
enfrentará a tres equipos queretanos. Son alrededor de 150 jóvenes, la mayoría
han jugado alguna vez en el mismo lugar, defendiendo los mismos colores. Hoy,
por diversas razones, estos chicos están divididos en distintas escuadras.
El mismo caso se da en la Juvenil Municipal, también en puerta; y
de igual manera sucede en las categorías infantiles que jugarán durante el
verano. Pocos, cada vez menos, son los jugadores y las familias que nunca han
vestido más que un solo uniforme.
De esta manera, el viejo discurso de ser de un equipo hasta la
muerte ya no tiene mucho sentido. Claro que hay quienes pueden llevar un color
en el corazón, pero han tenido que jugar portando otros, es válido. Lo que ya
no debe ser permitido es un sentimiento de rencor u odio entre organizaciones.
La realidad es que incluso las cabezas de los programas de mayor arraigo en
Querétaro ya han abandonado esas casas para contribuir en otros frentes. No hay
nada de que avergonzarse si se ha peleado y trabajado en distintos equipos. La
tradición que surge hoy en día es la de un futbol americano de luchadores. Tal
vez ya no importa el color que vestimos, ni el nombre que gritamos. En el
futbol americano de Querétaro ya no deben existir divisiones, sino una sola,
gran familia. Esta familia es la que la
tradición debe proteger, la que hay defender. Después de todo, quién dice que
dos hermanos no pueden enfrentarse sin olvidar que son la misma sangre. No hay
y ya no debe haber puertas cerradas a quien desee jugar futbol, sin importar su
procedencia o el color de la piel que ha llevado. Lo único importante, debe ser
el espíritu, las ganas de luchar y dejar todo por el deporte que se ama. Eso es
lo que nunca ha cambiado, es una garantía. Sin importar el equipo, la categoría
o quienes sean los coaches o
jugadores en el campo, el futbol americano queretano se distinguirá por su
coraje y su lucha. Por el latir de un solo corazón, el de una misma familia.





